Para los que no entienden quién fue Steve Jobs

Homenaje a Steve Jobs en el portal de Apple

Este post va dedicado a aquellas personas que no se sienten especialmente identificadas con Steve Jobs, fundador de Apple, y que, de alguna forma, contemplan atónitas el despliegue de reconocimiento, cariño y admiración con que el mundo, espontáneamente, le está homenajeando, ahora que acaba de fallecer.

Sin duda, es insólito que a un empresario le rindan tributo como a John Lennon o Kurt Cobain. Así que, dada mi reciente condición de admirador incondicional de su obra, he sentido la necesidad de escribir sobre ello, de explicar al profano las razones que empujan estos días a tantos millones de personas.

En 2008, cuando el iPhone salió al mercado en España, varios buenos amigos se hicieron con uno. Flipaban, hablaban de él sin parar y yo, al probarlo, pensé: “Es auténtico. Puedes ampliar y reducir las imágenes como si pellizcaras la pantalla y puedes navegar por Internet… Pero no es más que un teléfono”. No me planteé invertir un céntimo en una herramienta parecida a la que ya tenía.

Así seguí un tiempo, indiferente a lo que se cocía en el mundo tecnológico, con Apple siempre a la vanguardia. Navegaba por Internet desde mi PC, renunciando a hacerlo desde mi móvil por su lentitud, su complicado manejo y la pereza que me inspiraba esa sucesión de menús, submenús, opciones confusas e infinitas. En fin, que usaba el teléfono para hablar y, cada vez que se me estropeaba o perdía, acababa pasando la agenda manualmente, nombre a nombre, teléfono a teléfono, porque no sabía hacerlo de otra manera.

Así llegamos a la pasada Navidad, cuando Papá Noel, por encargo de mi chica, me dejó en casa una caja rectangular, que desembalé con ansia. Se trataba de la primera versión del iPad, que acababa de salir al mercado hacía unas pocas semanas. En cuanto lo encendí me hice adicto. Esta máquina me abrió un universo de posibilidades como nunca antes había podido imaginar. Y a las pocas semanas de tenerlo, encargué el iPhone 4.

Un joven Steve Jobs, con una manzana, el símbolo de Apple

Tengo algunos hobbies importantes en mi vida: leo, escucho música, veo cine y algunas series de televisión, viajo, cato nuevos vinos… De momento, no uso el iPad ni el iPhone para degustar tintos -todo se andará y me consta que hay algunas aplicaciones-, pero ha revolucionado mi forma de hacer todo lo demás. Llevo ambos aparatos cargados con la música que más me gusta, que agrupo y desordeno mediante listas de reproducción, ideadas para cada momento. En casa incluso tengo un altavoz que se conecta a ambos equipos por wifi. Los CD, antes imprescindibles, llevan meses acumulando polvo en la estantería…

Siempre cargo un surtido de películas y series en la memoria del iPad, así que cada vez que tengo un hueco libre y me apetece, esté donde esté, en un avión, en un coche, esperando una cita en la calle, me pongo los cascos y veo cine, algo que antes sólo hacía en casa. Ya no hay tiempos muertos.

En cuanto a los libros, llevo una biblioteca de unos 50 libros, que voy actualizando a menudo. Me he acostumbrado a leer en el iPad. Al contrario de lo que pensaba, no me produce cansancio visual, ya que puedo regular el brillo y el tono del fondo a mi conveniencia, al igual que el tamaño de las palabras. Y lo mejor es que cuanto voy por la página 300 y aparece un personaje del principio, del que ya no recuerdo quién era, pongo su nombre en el buscador de esta herramienta y vuelvo al lugar donde salió la primera vez, refrescándome ‘ipso facto’ la memoria; y con un solo golpe de dedo, regreso a la página en la que estaba… Ahora sonrío cuando pienso en que yo era uno de esos que, con la salida de los primeros ‘tablets’ rudimentarios, estaba convencido de que nunca podría leer en un soporte distinto al papel. Y las aplicaciones de prensa, que son increíbles, también han cambiado mi manera de estar al día. Algunas, como Pulse o Flipboard, me permiten actualizar automáticamente y en una sola página todas las novedades de los periódicos, secciones o portales que me interesan.

Los cambios en los hábitos de viaje también han sido trascendentales. Me descargué la aplicación Tom Tom en el iPhone y ahora llevo un navegador portátil que, montado en el coche, me conduce a donde quiero sin perderme. Desde hace ocho meses, no he vuelto a parar para preguntar a alguien por el camino correcto. Y si me encuentro en una ciudad nueva y no sé a dónde ir a comer o qué visitar, tengo descargadas media docena de aplicaciones que me informan, me aconsejan y me ayudan a optimizar el tiempo. El mapa del iPhone me permite pasear a pie por un lugar desconocido sabiendo en todo momento a dónde me dirijo y qué camino tomar.

Steve Jobs, durante la presentación del iPhone

Como periodista, gracias al iPhone, llevo siempre encima una grabadora, una libreta, una camára de fotos y otra de vídeo. Y las imágenes y los cortes que grabo con él tienen la suficiente calidad como para conservarlas en el álbum de recuerdos.

Y hago todo eso y mucho más, con dos chismes que poseen un solo botón; sin digerir complejos manuales de instrucciones; sin volverme loco intentando encontrar la opción de silenciar el teléfono o ponerlo en modo avión.

Al ver que el iPad y el iPhone eran tan simples de usar, me animé a enrolarme, a través de ellos, en un universo que antes me generaba una enorme pereza: el de las redes sociales. Ahora estoy en Facebook, Twitter, LinkedIn, Tripadvisor, Foursquare… También escribo este blog y contesto a los email de forma inmediata, en lugar de un día para otro, como antes, debido a que los dos aparatos me avisan cada vez que recibo un correo, con la misma contundencia que el móvil de antaño me recordaba las llamadas perdidas. Sus teclados virtuales, asimismo, me permiten escribir con una facilidad y rapidez que dista en mucho de las teclas multiuso de los teléfonos móviles habituales. Ambos me han empujado a volcar todos mis contactos en la cuenta de Google y a sincronizarlos con ésta, de forma que cada vez que añado el teléfono de un amigo, su mail o su dirección postal, el dato se actualiza en todas las agendas de manera automática e inmediata. Se acabó volver a pasar la agenda letra a letra, número a número.

Aplicaciones como WhatsApp han ampliado y mejorado la comunicación con mis redes de amigos, haciéndola múltiple, inmediata y divertida. Es cierto que muchas de estas herramientas ya existían antes; pero eran difíciles, complicadas, infranqueables para todos los mortales, salvo los apasionados de la tecnología.

Siempre llevo ambos aparatos encima. En el iPad y en el iPhone escribo todo lo que se me ocurre y así queda bien almacenado para cuando pueda necesitarlo. Ya no ando con los bolsillos llenos de servilletas de papel con ideas anotadas que luego acaban desmigadas por efecto del despiste y la lavadora. Cuando alguien me recomienda un libro, ya no se me olvida, porque lo anoto en el bloc de notas; o un disco, o una película.

Los ‘gadgets’ de Apple también han cambiado la vida de mis hijos. Tenemos una aplicación que nos permite ir al campo y reconocer las plantas, simplemente haciendo fotos a las hojas. Y ellos, cuando viajamos horas en coche, ya no protestan, porque ven una película, leen cuentos o juegan al tenis, al pinball o cualquier otro juego que les entretiene en alguna de estas dos maquinitas prodigiosas.

Y eso a nivel casero. Pero ya hay médicos que explican las radiografías a sus pacientes mediante el iPad y ciudadanos que controlan la temperatura de sus hogares desde el aeropuerto, mediante procesos domóticos que se ajustan con el iPhone o el iPad. Las posibilidades en la Educación, asimismo, son enormes. En el futuro, nuestros hijos ya no tendrán que ir cargados con mochilas enormes llenas de libros. Les bastará con almacenarlos en la biblioteca digital de su ‘tablet’. Eso sin contar a los cientos de miles de diseñadores gráficos de todo el mundo que no podrían imaginar hacer su trabajo sin el Mac.

El iPad y el iPhone hacen que me sienta más conectado con el mundo real, con el mundo digital y conmigo mismo y mis placeres. Ambos me ayudan a filtrar la magnitud de información que recorre Internet, en función de lo que me agrada. Y entiendo por qué tanta gente se muestra triste por la muerte de Steve Jobs, por qué le rinden homenajes en la calle, frente a los escaparates de sus tiendas de todo el mundo. Ellos han experimentado lo mismo que yo. Apple no habrá cambiado su esencia, pero sí su forma de vivir y de interrelacionarse.

Una vez estuve inmerso de lleno en los ‘gadgets’ de Apple, sentí la necesidad de acercarme a la mente que los había concebido y leí en Internet una cantidad enorme de información sobre Steve Jobs. Así llegué a su famoso discurso de 2005, destinado a los graduados de la Universidad de Stanford. Me dejó de piedra que uno de los multimillonarios más destacados del planeta, uno de los empresarios de mayor prestigio, hablara de sus miserias, del abandono de sus padres, de cuando recogía por la calle botellas de coca cola para subsistir, del miedo a la muerte que sintió al enfrentarse al cáncer y de cómo eso le hizo aferrarse a la vida y al camino emprendido de búsqueda de la autenticidad, de la importancia de vivir nuestra propia vida y no la que quieren otros que vivamos… Y comprendí que Steve Jobs era un ser realmente único. ¿Te imaginas a alguno de nuestros líderes empresariales o a alguno de nuestros grandes banqueros ofrecer un discurso semejante, tan intenso, tan con el corazón en la mano? Ni de broma.

En el año 2002, Steven Spielberg estrenó una película de ciencia ficción llamada ‘Minority Report’, donde Tom Cruise manejaba una pantalla de ordenador arrastrando datos con las manos. Ahora me pregunto si a Jobs se le encendió la bombilla del iPhone y el iPad contemplándola. Cinco años después no viajábamos en naves espaciales, pero sí manejamos datos con la punta de los dedos en los aparatos de Apple, como lo hacía Tom Cruise en esa película futurista.

En definitiva, Jobs es como Julio Verne; alguien capaz de vislumbrar y anticiparse al futuro. La diferencia es que, mientras Verne escribía maravillosas novelas de ciencia ficción, Jobs hacía realidad sus sueños. Tal vez sus allegados de Apple hayan aprendido lo suficiente de él para seguir ofreciéndonos creaciones asombrosas, pero es poco probable que la intensidad de Jobs se mantenga. La genialidad, al contrario que la ilusión, no se contagia.

Anuncios

Acerca de Xescu Prats

Ibiza, 1973. Periodista, escritor y fotógrafo. Amante del arte, la fotografía, el cine, la literatura, el vino, la gastronomía, los viajes...
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Para los que no entienden quién fue Steve Jobs

  1. Antonio Hernández dijo:

    En este mundo cada vez más virtual, hay menos tiempo para las sorprenderse o para improvisar. En un entorno dominado por gente ipad, iphone, berry, etc he decidido mantenerme alejado de esa tribu. Incluso “nos hemos lanzado algunas flechas y lanzas” cuando esas maquinitas han llegado a condicionar o limitar, más que facilitar, la vida de las personas. Y en el peor de los casos, condicionan incluso la vida laboral. Empleamos más tiempo en escribir un mensaje que en realizar una llamada de teléfono. Se hacen reuniones por Skype sin compartir un café con los compañeros. No se puede vivir al ritmo que marca el marketing de la tecnología. Ese marketing sutil y voraz que a veces nos hace más introvertidos o excesivamente comunicativos, pero siempre a través de las propias vías que marca la tribu.
    Pero la cuestión importante es ¿somos conscientes de los riesgos?
    Hace unos día ví la película Trust de David Schwimmer.
    Merece la pena verla.
    En esta selva de tecnología, una vez que la tribu te considera un intruso, un extraño o uno que simplemente está perdido (como algunos de nuestros jóvenes) te atacarán sin piedad.

    • Xescu Prats dijo:

      Tienes razón en que la tecnología nunca debería sustituir las relaciones humanas ni alienar a quien no la usa… Incluso puede que nos aboque a ello… Como todo en el mundo, la cuestión radica en el equilibrio. En cualquier caso, la tecnología nunca podrá sustituir a una cena entre amigos, pero si acerca a aquellos que están alejados y que antes se comunicaban mediante sistemas que tenían retardo de días y semanas y, en cambio, ahora son algo inmediato. Como con otras cosas, la tecnología tienen sus cosas buenas y sus cosas malas, y en el caso de Jobs, que es lo que hoy nos ocupa, creo que el tema se decanta del lado positivo… En fin, a ver si localizo Trust y te comento… Un abrazo.

    • Clara dijo:

      Jo, Txescu, me has dejado impresionada. Pero te confieso que también un poco inquieta. La próxima vez que nos veamos, pienso pincharte, a ver si sangras.

  2. Silvia Castillo dijo:

    Fantástico¡ Me ha encantado. Real y verídico.Lo confirmo. Y lo curioso es que para Paco, con 4 años, el IPAd casi no tiene secretos. …Desde luego, la tecnología facilita la vida y amplía tus posibilidades, siempre que sepas no ser esclavo. Gracias Xescu¡

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s