Autopista hacia El Bulli

Ferran Adrià

“Cuesta más trabajo llegar a El Bulli que ser admitido en el cielo”, afirma el escritor y crítico gastronómico venezolano Ben Ami Fihman en la película documental ‘El Bulli, historia de un sueño’, que dirigió en 2009 David Pujol. Al hacer este comentario, estoy convencido que Fihman se refería tanto a la dificultad que entraña conseguir reserva en el mejor restaurante del mundo, como a las sensaciones celestiales que disfruta todo aquel que tiene ocasión de paladear las elaboraciones de Ferran Adrià y su equipo.

He titulado este post “Autopista hacia El Bulli”, conjugando ese mundo de ensoñación que esboza el periodista con su comentario y también rememorando el título de aquella serie televisiva y celestial, interpretada por Michael Landon a mediados de los 80. Eso se debe a que, pese a no haberlo pisado nunca, tengo la certeza de que este restaurante recóndito de la Costa Brava representa un pedazo del paraíso en la tierra; un trocito de edén que ha anunciado su cierre para el 30 de julio, con el reto de convertirse en otra cosa, probablemente igual de genial, pero que de momento plantea múltiples dudas. Entre ellas, una fundamental: ¿podremos ir a comer?

Ir a cenar al Bulli representa uno de mis sueños más anhelados; incluso más que dar una vuelta al mundo o pasar un par de años viajando sin rumbo. Sin embargo, con el imprevisto anuncio de cierre, se convirtió en un deseo en peligro de extinción.

Uno de los platos de El Bulli

Del Bulli se oyen todo tipo de comentarios, muchos vertidos sin conocimiento de causa. Que si allí se sirve química, que si fundirse 250 euros en comer es cosa de imbéciles… Incluso hay quien dice que de allí se sale con hambre. Obviamente, ninguno de ellos ha ido, puesto que nadie puede quedar insatisfecho tras los casi 50 platos que incluye el menú degustación.

Aunque, como decía antes, yo nunca he pisado el Bulli, la gastronomía me interesa muchísimo. Me he documentado, he leído sus libros y he gozado con los nueve capítulos de una hora de duración, de la serie documental de El Bulli de David Pujol. El realizador se adentra tanto en el ‘back stage’ del restaurante que no sólo comprendes el concepto de la cocina de Adrià, sino que descubres su impresionante evolución y la extraordinaria cantidad de innovaciones que ha desarrollado en los últimos veinte años. Casi todas ahora son habituales en miles de restaurantes del mundo entero.

En El Bulli, la presentación es tan importante como la búsqueda de sabores sorpresivos

En fin, que del Bulli me lo conozco todo salvo su sabor… Que hoy alguien lo menosprecie por su tecnología o el uso de nuevas fórmulas y procesos, viene a ser como si en los sesenta alguien criticara a Miles Davis o a Bill Evans porque la métrica o la armonía de su jazz no encajaban en los cánones establecidos. De haber predominado esa mentalidad a lo largo de la historia, seguiríamos en las cuevas de Altamira pintando bisontes con sangre y ceniza.

A Ferran Adrià no hay que considerarlo un cocinero, sino uno de esos prodigios que surgen cada cien años y que acaban revolucionando un fragmento del mundo. Sucedió en la música con Mozart, en la pintura con Picasso y en la escritura con Cervantes. Habrá quien afirme que la música, el arte o la literatura son más importantes que la gastronomía, que ya sería mucho decir, pero ni siquiera haría falta entrar en la discusión. Ferran Adrià simplemente es un genio. Él solo ha revolucionado la cocina; ha innovado por completo las presentaciones, las técnicas e incluso la filosofía. Ha elevado la gastronomía a una cuestión sentimental, aferrándola a un concepto de felicidad más allá del gozo de los sentidos. Probablemente él nunca se ha propuesto un objetivo tan ambicioso, pero así ha ocurrido. Con su creatividad incontinente, Ferran logra que sus comensales atraviesen la barrera del tiempo; que regresen a su infancia y que incluso se mueran de risa comiendo, algo que yo no he visto ni he oído de otro lugar del mundo.

El Bulli se encuentra en Cala Montjoi, en la costa de Roses

Por tanto, hay que dejar claro el concepto: a El Bulli no se va a comer, se va a vivir una experiencia insólita, a disfrutar algo nuevo y desconocido. Es cierto que de la alquimia de sus fogones surgen espumas, nieblas, esferificaciones y humos, pero estos elementos componen guiños para sorprender al cliente y se sirven acompañados de trufas, hongos, mariscos, carnes, pescados y otros productos de excelente calidad, que elaboran y condimentan un equipo de 40 cocineros que trabaja para 50 comensales. El precio, aunque a alguien le resulte dificultoso pagarlo, es casi un regalo. En muchos establecimientos del mundo cobran lo mismo y mucho más por el simple acto de almorzar. El Bulli, según los testimonios de quienes lo han probado, es otra cosa; un acontecimiento tan intenso como viajar a la luna o descubrir las fuentes del Nilo. Hay que conocerlo al menos una vez en la vida.

Este sueño de ir a El Bulli lo comparto desde hace tiempo con mi compañera Silvia, con mi hija Sara y con un grupo de amigos de Ibiza. Así que la noticia de que El Bulli cerraba fue como si nos echasen a todos un jarro de agua fría en la cabeza. De manera inmediata, reaccionamos y decidimos tratar de reservar para los nueve, aunque hubiese que viajar a Roses entre semana y quemar días de vacaciones en el empeño.

Juli Soler es el director de sala y socio de Ferran Adrià

Sin embargo, al primer intento, nada más abrirse el periodo de reservas, descubrimos en la web del establecimiento que estaba todo completo hasta el día del cierre. Con peticiones de antiguos clientes y otras solicitudes pendientes el cupo se había llenado.

Entonces se me ocurrió que si alguien tenía la sensibilidad de convertir la cocina en arte, tal vez también fuera capaz de interpretar la enorme ilusión e importancia que para nosotros supondría ir a El Bulli. Así que me puse manos a la obra y redacté una larga carta de cinco folios, dirigida a Ferran Adrià, exponiéndole el caso y prácticamente contándole nuestra vida, que luego consensuamos y firmamos entre todos.

Como es excesivamente larga, la he resumido. Dice así:

Estimado Ferran:

Me llamo Xescu Prats. Aunque resido en Madrid, vivo a caballo con Ibiza, la tierra donde nací y en la que paso los mejores ratos de mi vida, junto a mi familia y amigos.

Entre todos formamos un pequeño club de nueve personas, que no tiene nombre ni reglas y donde el único estatuto consiste en extraer el máximo jugo al día a día y a las pequeñas cosas. Somos gente sencilla, que vive intensamente los sabores, los aromas, los paisajes, las conversaciones, el arte, la literatura, el sentido de la amistad… Y cuando conseguimos ponernos de acuerdo, salimos juntos de viaje a descubrir nuevos mundos.

Los sabores y el hecho de experimentar con ellos compone uno de los pilares esenciales del vínculo que nos une. Disfrutamos cocinando y comiendo e invertimos más en ello que en renovar el coche o comprar una casa más grande. La mayoría de nosotros vivimos en un pequeño pueblo del sur de Ibiza, llamado Sant Josep de sa Talaia. Tenemos una pescadería que nos suministra gallos de San Pedro, atún rojo, ‘rotja’, mero, gamba roja de la isla, calamares frescos, pargo, denton… Hay dos excelentes carnicerías, la verdura que compramos procede de las fincas vecinas y en verano nos comemos las sandías y melones más dulces y perfumados que existen en el mundo. Y por las noches, cuando nos juntamos, competimos para ver quien prepara el mejor gin-tonic.

Nuestros padres nos han enseñado a pescar y nuestras madres a cocinar arroces a la marinera, paellas, ‘sofrit pagès’, ‘guisat de peix’, frita de pulpo, calamar relleno de sobrasada, ‘borrida de rajada’, ‘guisat de ternera’ y otros platos tradicionales de la isla. Pero también nos gusta preparar sushi, tartar, curry y hasta ensaladas alemanas.

En nuestras familias todavía se celebra la matanza del cerdo, unas semanas antes de Navidad. Ese día, tras el sacrificio, comemos frita de calamar, pescado en escabeche y arroz de matanza con rovellones; y nos sigue pareciendo una jornada tan especial como cuando éramos pequeños y nos juntábamos veinte o treinta primos.

A todos nos gusta el buen vino, sabemos apreciarlo y reconocerlo, pero nos emocionamos lo mismo con el sabor rústico y auténtico del tinto que aún elaboran nuestros padres tras la vendimia de septiembre, de forma rudimentaria, sin prensas hidráulicas ni temperaturas controladas, pero con el fruto de unas cepas mimadas durante generaciones. Su vino no puede competir en aromas con los que diseñan los enólogos profesionales y los sumilleres seguro que les encontrarían mil defectos. Pero para nosotros son valiosísimos en sentimiento y autenticidad, especialmente cuando acompañan los sabores de siempre. Y esos tomates grandes, rojos y maduros, que se cultivan en las huertas de nuestras casas, son únicos e intensos. A veces me los como a mordiscos, sin sal, igual que si fueran manzanas.

Este el colectivo de amigos comparte un sueño desde hace tiempo: ir a Roses y cenar en El Bulli. Hemos viajado juntos a Nueva York, Londres… Pero hemos pospuesto durante años la cena en El Bulli porque tenemos niños pequeños, así que puedes imaginarte que, cuando anunciaste el cierre de El Bulli, se nos cayó el alma a los pies. A todos.

Sabemos que El Bulli del futuro va a ser algo impredecible, increíble, sorprendente… No nos cabe duda porque no podrías concebirlo de otra forma. Pero también somos conscientes de que ya no será lo mismo. Y nos damos cuenta de que a mucha gente le habrá pasado igual. Han esperado demasiado a concretar un sueño porque no se imaginaban que la posibilidad de hacerlo realidad podía esfumarse de golpe.

El año pasado, juntos, vimos los nueve capítulos de la serie sobre El Bulli y el reportaje ‘Un día en el Bulli’ realizado por tu hermano Albert. Según íbamos evolucionando en la historia del restaurante a través de la pantalla, nos quedábamos más asombrados al descubrir la cantidad de innovaciones, ahora corrientes en todas partes, que surgieron de vuestro laboratorio de ideas a lo largo de los años. Nos sorprendió también que esa creatividad desbordante en la cocina, incomparable con nada que hubiésemos contemplado antes, fuera compatible con un sentido tan familiar de llevar el negocio, con un ambiente clásico de atención, amabilidad y proximidad al cliente.

También nos dimos cuenta de ese cariño hacia El Bulli anterior a vosotros y de lo generosos que fuisteis al realizar el documental del restaurante desde su mismo nacimiento y no sobre el universo exclusivo de Ferran Adrià y Juli Soler, que es lo que habría hecho el 90% de la gente.

El hambre de vivir la experiencia de El Bulli se multiplicó y, a los pocos días de contemplar vuestra historia junto a la chimenea, hicisteis el anuncio del cierre. Recuerdo que empezamos a llamarnos todos y a escribirnos correos como cuando ocurre un acontecimiento grave e inesperado.

Somos conscientes de que nuestros nombres no aparecen en la base de datos de antiguos clientes de El Bulli, de que no tenemos amigos en las altas esferas para que intercedan por nosotros, aunque por lo que hemos oído eso tampoco funciona en El Bulli. Aún así, hemos decidido quemar este último cartucho antes del renacimiento del restaurante y pedirte que, si es posible, nos des la oportunidad de vivir nuestro sueño. ¿Sería posible que nos hicieseis un hueco una noche del próximo verano o de cuando sea, y juntarnos los nueve en Cala Montjoi para compartir la que creemos sería la experiencia gastronómica y sentimental de nuestras vidas?

Si lo ves posible, nos harás inmensamente felices. Si no, seguiremos admirando vuestro trabajo e intentándolo en el futuro Bulli.

Recibe un abrazo de nueve amigos de Ibiza.

Hasta aquí el resumen de la carta. La firmamos, la metimos en un sobre y la mandamos a El Bulli, con la esperanza de que nos contestaran, pero conscientes de que las posibilidades eran escasas.

Sin embargo, al cabo de un mes, llegó este email de El Bulli:

Apreciados Silvia y Xescu (y resto del grupo!!),
 
Antes de nada muchas gracias en nombre de Ferran, Juli y todo el equipo de El Bulli por vuestra sensibilidad por nuestro trabajo.
 
Podéis imaginar cómo está la situación de las reservas y más en nuestra última temporada bajo este formato. Dependemos de los pocos cambios que se puedan producir y en grupos tan grandes ya es cuestión de un milagro.
 
De todos modos si me hacéis saber qué fechas hay que descartar entre hoy y el 30 de julio y cuántos días necesitáis de antelación para poder organizaros, lo tendremos en cuenta por si se produce ese milagro.
 
Muchas gracias de verdad y enhorabuena por saber disfrutar de los grandes pequeños momentos de esta vida.
 
Un abrazo para todos.

Luis García, maitre de El Bulli

Iba firmado por Luis García, uno de los jefes de Sala del restaurante, que coordina la gestión de reservas.

Fue un mensaje que nos llenó de esperanza y al que respondimos de inmediato, agradeciendo la posibilidad que se nos brindaba y ofreciéndonos para cualquier posible fecha que surgiera. Aunque el tono realista del mensaje dejaba claro que primero debía producirse un milagro: la cancelación de un grupo lo suficientemente grande que pudiésemos ir todos.

Hace cosa de un mes, llegó el milagro:

Se ha producido un cambio y hemos podido encontrar una solución!!. Si os va bien podemos reservaros mesa para 9 personas, a partir de las 20.00 horas del día xx de xxxx.
 
Ferran preparará un menú degustación personalizado. Probaréis muchas elaboraciones diferentes en las que intervendrán muchos productos, por lo que es muy importante para su confección conocer de antemano si existe algún problema a tener en cuenta, como alergias o cualquier otro producto que no podamos incluir en el menú para alguno de vosotros.
 
Es muy importante saber si a los comensales les gustan los platos de frutos de mar (mariscos casi al natural), caza, menudillos, setas, picantes, alcohol, café, etc.
 
Quedo a la espera de vuestras noticias para fijar la opción y al respecto de esta cuestión para dejar confirmados todos los detalles de la reserva.
 
Un cordial saludo,
 
Luis García

La noticia llegó en sábado y nos cogió a todos en Ibiza. Obviamente lo celebramos por todo lo alto… Creo que la alegría, el subidón que experimentamos, fue tan intenso y explosivo como cuando Andrés Iniesta marcó el gol a Holanda en la final del mundial del pasado verano.

Durante años, Albert Adrià ha dirigido la repostería del restaurante

Efectivamente, alguien que cocina con tanta sensibilidad respondió con la misma delicadeza ante un manifiesto de ilusiones. Ahora, todos aguardamos el día ‘D’ con una inquietud tremenda, tachando números en el calendario, releyendo la historia de El Bulli y revisando documentales. Es posible que el hecho de autogenerarnos tantas expectativas sea contraproducente. Ya lo veremos, pero el caso es que es inevitable. De todas formas, en cuanto vivamos la experiencia, me comprometo a relatarla con todo lujo de detalles.

¡¡¡Nos vamos a El Bulli!!!

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Acerca de Xescu Prats

Ibiza, 1973. Periodista, escritor y fotógrafo. Amante del arte, la fotografía, el cine, la literatura, el vino, la gastronomía, los viajes...
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18 respuestas a Autopista hacia El Bulli

  1. David Marí dijo:

    Quina envejaaaaaaaa!!!!! Si algú dels 9 es cau de la llista, ja m’ho faràs saber… ja,ja,ja! Disfrutau-ho molt!

  2. Javier Rangel dijo:

    Que enveja; no hi ha dret: uns tant i uns altres tan poc. Em menjaré una truita francesa aquest dia perquè us ‘remuerda’ la consciència.

    • Xescu Prats dijo:

      Hay que ver el buen catalán que hablas en la intimidad…

      • Naty dijo:

        Nooooo!!! Què fort!!! Hi ha reventa de les places? Venga!! Digue’m que hi ha negoci darrera, que pago el que sigui!! Jo ho vaig intentar, però amb menys vehemència… Enhorabona, m’he emocionat fins i tot jo, no vull ni pensar el que haurà set per vosaltres… Esperarem ansiosos el blog post- gastrorgasmo. Muua

      • Xescu Prats dijo:

        Em sap greu, però de momento no feim reventa… Aixó que ja tenim un munt de gent que s’hi apuntaria… Però ho contarem tot… Una abraçada.

  3. Belén dijo:

    ¡¡¡Que envidia me dais!!!! Esta frase resume todo lo que pasa por mi cabeza con vuestra experiencia con “EL Bulli”. Eso sí, siempre envidia sana.
    Recuerda dejar algún espacio entre las cosas que llevéis el día XXX para el “Taper” que os voy a obligar a llevar y que debéis traer de vuelta a “El Molar”
    Gracias por contarnos la primera parte de la experiencia y no dejes de contar el resto.
    Besos

    • Xescu Prats dijo:

      Gracias Belén. No sé qué efecto causará la permanencia en el tupper a las esferificaciones… En cuanto a la segunda parte, no te preocupes que, llegado el momento, informaremos puntualmente… Besos.

  4. Dessiré Ruiz dijo:

    Nos vamos a El Bulli!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  5. Rosa dijo:

    Molt bé! Sé la il·lusió que us fa. Jo tenc certa curiositat, però ja et dic que preferiria allò de viatjar sense presses durant un parell d’anys. Potser perquè mai he tengut oportunitat de viatjar gaire. Besades!

  6. David Marí dijo:

    Una cosa és certa… només per sa currada de carta que us vàreu pigar, ja us ho mereixeu. Fins aviat!

  7. Livia Castillo dijo:

    ¡Felicidades! ¿Alguien ha visto alguna vez un anuncio, un spot, un eslogan de El Bulli? No. Ferran Adrià no ha hecho nunca publicidad de El Bulli. No lo ha necesitado. Ha habido muchos comentarios como el tuyo (por cierto excelentemente escrito)… ríos de comentarios que han ido alimentando la leyenda. Los méritos de la “eclosión gastronómica” de El Bulli se han ido conociendo a través de los propios comensales. ¿Es posible publicitar el placer?. El placer es mejor disfrutarlo. ¡Felicidades y enviada sana!. Besos. Livia.

  8. clara francia dijo:

    De sana, nada. Mi envidia es amarilla y viscosa. Te emplazo a un relato pormenorizado… y a que me des la receta de la “frita” de calamares. Besos y Rosas.

  9. Silvia Castillo Belmonte dijo:

    Como dice Ferran: crear es no copiar….Xescu también es especialista en crear y así se cumplen los sueños…

  10. Jesús dijo:

    Tinc la sort d’haver-hi anat el maig de 2004. Fa set anys i ho recordo com si fos avui. El dia que hi vagis no serà el final d’una història sinó el començament: no trobaràs un lloc des de llavors on sopar signifiqui “això”.

  11. Pingback: ¿Quieres comer con Ferran Adriá el 15 de enero de 2015? | Silviacastillo.com

  12. Jordi dijo:

    Maradedeusenyor, el far de Punta Malabata, Cabo Espartel i Punta de Gracia al son de la mateixa mar !

    Has tingut l’univers de l’il.lusió a la palma de la mà i has sabut vendre’l amb cortesía i estima.

    Premi. Soparet al Bulli !!

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