Winter’s Bone, cine de corazón y tripas

En el último año he tenido la oportunidad de disfrutar de un puñado de películas interesantes. Sin embargo, hasta hace pocos días, no me había sentado a contemplar una obra redonda e intensa, capaz de tocarte las entrañas con la misma fuerza que un puñetazo en el estómago.

El film se llama ‘Winter’s Bone’ y todavía no me explico cómo es posible que estos genios de la Academia del Cine de Estados Unidos, que son quienes conceden los Oscar, la hayan ignorado por completo, pese a estar nominada en diversas categorías, entre ellas ‘Mejor película’ y ‘Mejor actriz’. De las diez candidatas que este año aspiraban al máximo galardón, sólo me quedan por ver ‘127 días’ y ‘The Fighter’. Entre el resto hay trabajos más que dignos, como ‘La red social’, ‘Valor de ley o ‘El cisne negro’ -no así la victoriosa ‘El discurso del Rey’, que encuentro particularmente blanda-. Pero ninguna alcanza la fuerza ni la emoción de ‘Winter’s Bone’.

La película, dirigida por Debra Granik, una desconocida sin apenas experiencia, cuenta la historia de una chica de 17 años, que malvive en una aldea recóndita y mísera de los bosques de Missouri. Ree, que así se llama, habita una destartalada cabaña rodeada de chatarra, junto a sus hermanos pequeños y su madre, enferma de Alzheimer u otra dolencia similar, que la mantiene ida todo el tiempo.

A la joven los días se le escapan pelando patatas, tendiendo la colada, obligando a sus hermanos a hacer los deberes, acompañándoles al colegio, lavando a su madre y rompiéndose la cabeza para encontrar la forma de sustentar a su familia. Ree ni siquiera asiste al Instituto, donde buena parte de las chicas de su edad pasan las horas en cursillos de maternidad porque se han quedado embarazadas. Tampoco sueña con cuentos de hadas, sino que anhela alistarse en el Ejército para escapar así de su particular infierno.

Vive rodeada de primos, en una comunidad endogámica donde nadie ayuda a nadie a cambio de nada. Gente fea, ruda y huraña, como arrancada del clan de los Izquierdo. Puerto Urraco ‘versus’ Missouri. Sin embargo, Ree es rubia, con ojos azules y cara de ángel, aunque viste ropa roída y nunca sonríe, porque allí nadie lo hace. No existe un motivo; ni tan siquiera el de la inocencia de su juventud, que amenaza con esfumarse en cualquier instante para no volver jamás.

Ree enseña a cazar a sus hermanos

En el poblado las mujeres obedecen a los hombres sin rechistar y hacen el trabajo sucio cuando se les ordena. A los niños tampoco se les abraza; sólo se les alimenta. Como también ella hace. Enseña a sus hermanos a cazar y a despellejar ardillas, pero no les regala un beso en toda la película.

Cuando Jessup, el padre de Ree, sale de la cárcel y utiliza la choza familiar como garantía de su libertad condicional para luego no presentarse ante la justicia, la vida de la muchacha entra en barrena. Atónita, descubre que su situación aún puede ser peor, y que, de un día para otro, puede verse en la calle, con sus hermanos y su madre impedida; y nadie va a echarles una mano. Así que le echa coraje y se lanza a emprender la búsqueda de su padre, haciendo preguntas incómodas en el gueto de drogadictos y delincuentes que habita este agujero inmundo y que el cabeza de familia frecuentaba antes de acabar en prisión.

Salvo por la protagonista, Winter’s Bone es una película de gente fea

Todo lo que os acabo de contar lo esboza la directora al principio, con cuatro planos magistrales y una cámara temblorosa, para a continuación adentrase en los terrenos del thriller rural, tejiendo un suspense denso que remata con una apoteosis desgarradora que te deja perplejo, anestesiado y pegado a la butaca. El trabajo interpretativo de la joven actriz Jennifer Lawrence es realmente sobrecogedor y te hace pensar en un talento natural único o una dirección de actores asombrosa. Su contención a lo largo de toda la trama resulta mucho más realista y efectiva que, por ejemplo, las alucinaciones esquizofrénicas de Natalie Portman en ‘El cisne negro’, que han acabado reportándole un Oscar por una recreación notable, aunque, bajo mi punto de vista, ni la mitad de impactante que la ejecutada por esta intérprete de tan sólo 21 años.

‘Winter’s Bone’ no es divertida ni agradable. No hay música ni grandes paisajes. Sólo un gris espeso que lo envuelve todo. Sin embargo, Ree y los demás personajes, como su tío, la pareja vecina o las horribles mujeres con las que se topa a lo largo de su periplo detectivesco, componen un universo que a mí me ha atrapado desde la primera secuencia.

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Acerca de Xescu Prats

Ibiza, 1973. Periodista, escritor y fotógrafo. Amante del arte, la fotografía, el cine, la literatura, el vino, la gastronomía, los viajes...
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