Los puntos sobre las íes

¡Bienvenido navegante!

Desconozco cómo has llegado hasta aquí; cómo has podido surcar este mar caótico y rebosante que es Internet, hasta atracar en la bahía de mis placeres. Tal vez yo mismo te haya invitado; es posible que incluso hayas compartido emociones conmigo. Pero si no es así, si has aparecido de rebote, desorientado, dando tumbos por un océano intangible, tal vez quieras saber a qué atenerte y si te puede interesar regresar algún día.

Yo concibo la vida como una búsqueda de emociones. A partir de ahora, este blog recopilará, a modo de cuaderno de bitácora, los placeres que me apetece compartir contigo; aquellos libros, lugares, momentos, historias que hacen que la vida merezca la pena. Pero es posible que lo que a mí me subyuga, a tí te hastíe o incluso te horripile. Así que voy a ofrecerte unas pinceladas del material sobre el que se asientan los cimientos de mis emociones.

Comencemos por mi memoria cinematográfica, que es tardía, pues cuando era niño, en la casa familiar de Ibiza, la televisión se veía en blanco y negro y con interferencias; y al cine íbamos una vez al año porque en mi pueblo no había. Los domingos se destinaban a placeres más terrenales, como ir de pesca, recolectar almendras, visitar a los primos, correr por el bosque, apedrearnos por los caminos y jugar al fútbol frente a la puerta del garaje. Con el tiempo recuperé los años perdidos y antes de cumplir los 25 ya me había empapado de todo el cine clásico que anhelaba contemplar desde la adolescencia, época en la que me enamoré del cine. Ví todo Chaplin, Hawks, Ford, Kurosawa, Wilder, Minelli, De Sica, Fellini, Berlanga, Buñuel, Hitchcock, Capra, Peckinpah, Polanski, Spielberg, Scorsese, Kubrick, Coppola, Leone, Lang y los demás grandes. Me fundí mi modesto salario en cintas originales VHS y no dejé una sola bala en la recámara. Imagina lo que sentí cuando apareció el DVD y mi colección de más de 1.000 títulos pasó a convertirse en una montaña de plástico abocada a la caducidad.

Digeridos los clásicos, me he bebido y sigo bebiendo todo lo nuevo, aunque con los años me he vuelto más selectivo y lo pretencioso lo abandono a la media hora. Es posible que aquí encuentres mis sensaciones sobre películas de Tarantino a Eastwood, pasando por Iñarritu, Burton, Bollaín, Lynch, Shyamalan… Desde comedia española a costumbrismo francés, para alcanzar mi descubrimiento más inesperado y reciente, la ficción televisiva -sobre todo norteamericana- que, a día de hoy y por muchas excepciones que confirmen la regla, es el medio donde se cocina el mejor cine. Eso sí, difícilmente hallarás algo de Theo Angelopoulos o Abel Ferrara, como tampoco cine norteamericano de terror ni comedias de adolescentes…

En cuanto a la música… siempre ha estado ahí, incluso cuando no era consciente de ello. En casa, desde que tengo uso de razón, había tan sólo una docena de discos de mis padres y que nunca escuché porque el tocadiscos estaba estropeado y nadie lo arregló jamás. Así que pertenezco a la generación del cassette. Mi familia, sin embargo, tuvo la sensibilidad de empujarme a estudiar solfeo y piano, y es algo que nunca terminaré de agradecer, pues aunque no me hice profesional ni finalicé esos estudios, me sirvió para amar la música, para valorarla y comprender qué filigrana creativa se esconde tras una composición que me gusta.

Recuerdo que la primera canción que atrapó más allá de la lógica fue ‘Baby Jane’, de Rod Stewart. Tendría diez o doce años. La ponía una y otra vez en el radio cassette del Renault 5 de mi padre. Aún no entiendo cómo no agoté la batería. Poco después, ya con una doble pletina instalado en la habitación, me convertí en uno de tantos adolescentes que ponía el solo de Mark Knopfler en ‘Money for Nothing’ a todo trapo, mientras saltaba sobre la cama rasgando las cuerdas de una guitarra invisible… Con el ‘We are the Champions’ de Queen también se me saltaban las lágrimas de la emoción. Luego llegó la vuelta al pasado, con los Rolling, Deep Purple, Jimmy Hendrix, Bob Dylan, John Lennon, los Who… y el asombroso descubrimiento del blues: Moody Waters, B. B. King, Albert Collins, Eric Clapton, Johnny Winter, Stevie Ray Vaughan, Ry Cooder…; el jazz (Miles Davis, Dizzie Gilllespie, John Coltrane, Charlie Parker, Charles Mingus, Jaco Pastorious…), y hasta el heavy: Iron Maiden, AC/DC, Steve Vai, Metallica… Y también el rock nacional (La Frontera, Loquillo, Los Rebeldes, Rosendo…), el pop (La Unión, La dama se esconde, Nacha Pop…) y el punk (Ilegales, Siniestro Total…)…

Toda una evolución que hoy se centra en la búsqueda de la emoción unas veces y de la fuerza en otras. Sigo a gente muy variopinta, desde tipos realmente auténticos, como Tom Waits o Sabina, pasando por alternativos, como Anthony & The Johnson, La Bien Querida o Macaco, hasta otros más comerciales, que van desde Diego el Cigala hasta Black Eyed Peas…  Y alucino con los vídeos de Lady Gaga, aunque su música me interesa menos. En cuanto a pentagramas, soy como los antibióticos de amplio espectro, esos que lo abarcan todo.

Algo parecido me sucede con la literatura. Leo como un poseso desde niño. Han pasado por mis manos libros de filosofía, ensayo político, biografías de personajes, poesía romántica… Pero lo que en serio me hace feliz, lo que me hace sentir que vivo otras vidas, es la novela; la pura ficción. Las primeras que me hicieron ver el mundo con otros ojos fueron ‘El lobo estepario’, de Herman Hesse, y ‘Lolita’, de Nabokov. Me gustaron tanto que acabé haciendo como con el cine: empezar por los clásicos. Así que me empapé de Faulkner, García Márquez, Baroja, Borges, Delibes, Vargas Llosa, Goethe, Wilde, García Lorca, Shakespeare, Neruda, Marlowe, Cervantes, Huxley, Bradbury , Camus, Yourcenar, Kafka, Hemingway…

Con todos ellos disfruté, pero sobre todo aprendí a valorar tanto la imaginación como la inteligencia en el manejo del lenguaje. Desde entonces, vengo leyendo una parte de lo que se publica, con especial predilección por el género negro, aunque sin renunciar a autores que me asombran y que no guardan relación con él, como Auster o Murakami, de los que he devorado absolutamente todo, aunque no siempre con el mismo grado de satisfacción. En esa búsqueda, han ido apareciendo algunas pequeñas joyas, que quiero compartir contigo, aunque el paso del tiempo las haya relegado a las baldas menos estratégicas de las librerías. 

La búsqueda de rincones especiales, incluso enigmáticos, magnéticos o misteriosos, es otro placer ineludible. No abrazo la religión, aunque a veces parece que esté ahí, esperándote, pero sí me gusta hallar lugares con cierto peso espiritual, sea del género que sea. Es una cuestión de piel, de descubrir espacios donde sentir que hay una energía concentrada, distinta, aunque no sepas por qué ni para qué. Tal vez sea por haber crecido frente a un islote imponente y enigmático, es Vedrà, que se alza majestuoso frente a la costa sur de Ibiza. Quiero compartir contigo alguno de estos paisajes y que un día me cuentes si viviste en ellos las mismas sensaciones que yo…

¿Y qué decir de la gastronomía? Todos esos alimentos y bebidas; esa cantidad de sabores al alcance del paladar; esas infinitas combinaciones… ¿no crees que casi es lo mejor que le ha pasado a la raza humana? Decían que nos diferenciábamos de los animales porque pensamos, porque somos capaces de amar… Pero hay científicos que hoy apuntan que el amor se produce incluso entre las plantas, que se relacionan como familias, y que muchos animales piensan, aprenden y rectifican su conducta por sí mismos, más allá del instinto. Sin embargo, hay algo en lo que sí somos únicos: nuestra capacidad para manejar los productos, para reconvertirlos a nuestro gusto y crear con ellos auténticas sinfonías de sabores y aromas.

Uno de los objetos más apreciados que poseo es una colección de esencias que se llama ‘Le Nez du Vin’ (‘La Nariz del Vino’), desarrollada para aprender a identificar los aromas de los vinos. Cuando ahora veo a mi hija Sara, a sus ocho años, disfrutar con una intensidad extraordinaria ante el reto de reconocer aromas de pomelo, café, jengibre, pimiento, cerezas, ahumados, hierba… cuando la observo poner toda su atención y concentración en el puro disfrute de los aromas, me doy cuenta de que existen pocos rasgos más humanos y significativos de inteligencia que la capacidad para disfrutar del gusto y el olfato. Algunos de mis placeres favoritos oscilan en torno a esta idea.

Pero también me emociono ante simples conversaciones con personas a las que admiro, a lo mejor porque son pintores extraordinarios, porque diseñan máquinas increíbles o simplemente porque tienen un atípico sentido del tiempo.

Así pues, navegante, has alcanzado un proyecto de cajón de sastre, en el que cualquier cosa tiene cabida, con una única condición: que pueda contribuir a tu felicidad, a la mía o a la de ambos. Si tenemos algo en común, aunque sea la mera curiosidad por descubrir cosas nuevas, me alegrará darte abrigo en el futuro. Si no, hazte de nuevo a la mar y busca otro puerto diferente; uno que esté pintado con el color de tus emociones.

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Acerca de Xescu Prats

Ibiza, 1973. Periodista, escritor y fotógrafo. Amante del arte, la fotografía, el cine, la literatura, el vino, la gastronomía, los viajes...
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19 respuestas a Los puntos sobre las íes

  1. Livia Castillo dijo:

    Me encanta tu cuadernjo de bitácora. Seguiré reuniéndome contigo por estas páginas, por tus paisajes y tus emociones. Besos. Livia

  2. Olga Arce dijo:

    Gracias Xescu por dejar este texto tan bonito y a la vez tan interesante. Me hace ver otra visualización de la vida, otra forma de pensar y eso es muy GranDe! Ahora empezaré a conocerte un poquito más.

    Un beso y hasta muy pronto bloger!

  3. Manolo dijo:

    Olé tus cojones… Continua así, merece la pena. Y un beso a Silvia.

  4. Pep Prats Marí dijo:

    Hola hermano. Me ha gustado mucho tu pagina y a la par me ha traído muchos buenos recuerdos. Un abrazo grande para ti, Silvia y mis sobrinos guapetones!!

  5. clara francia dijo:

    Una propuesta en verdad estimulante. Tanto, que tu “Nez du Vin” y las experiencias olfativas de Sara me han hecho recordar una definición sorprendente y preciosa de Patrick Suskind, en “El perfume”, que sólo puedo apuntar de memoria -cualquiera sabe dónde para el libro, del que, por otra parte, sólo conservo esta imagen- y que decía que un pie de bebé huele a piedra pulimentada, templada por los rayos del sol. Seguro que era algo más lírico y más redondo, pero cuéntaselo a Sara, para ver si está de acuerdo. Aquí nos veremos. Besos.

  6. Israel dijo:

    Efectivamente, Internet es milagroso. He podido compartir un rato con Xescu después de miles de años. Una grandísima persona y un grandísimo amigo del que siempre estaré orgulloso, pasen los años que pasen.

  7. nieves dijo:

    Gracias Xescu y enorabuena, me ha hecho mucha ilusión recibir ésta magnifica invitación, lo seguiré.. ¿ se lo has envido a Carlos también verdad?…Besos molt guapu!

  8. Dani dijo:

    Hola Xescu, he llegado aqui por casualidad y me gusta tu forma de ver la vida. Comparto muchas de tus ideas y gustos. A veces la vorágine del dia a dia me hace que me olvide de las cosas importantes y al ver tu blog me he vuelto a dar cuenta de ello (que mal lo he explicado, pero bueno, espero que me entiendas….). me ha alegrado descubrir tu blog. Gracias y un saludo

    • Xescu Prats dijo:

      Hola Dani:
      Gracias por tus comentarios; te has expresado perfectamente. Y tienes razón con que la vorágine del día a día nos come casi todo el tiempo… Nos iremos encontrando por aquí. Bienvenido!

  9. Jordi dijo:

    Hola Xesc,
    he llegit dues entrades del teu blog i he tingut, “Bon sabor” de boca.
    Veus, sents la vida natural i ets proper a l’hora d’expressar.
    He rebut un sentit nostàlgic teu en el trasfons general del que he llegit aixi que, et deixaré a tú i a tothom una frase resum.

    “El recuerdo, és el único paraíso de donde no puedes ser expulsado ”

    Mos veim.

  10. Jordi dijo:

    Correcte ! … Som del que venim !

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